3 de julio de 2012

Hola, adiós y viceversa

Te dije adiós. Fue una despedida inesperada, así como el viento que pasa a través de las ramas de los árboles y se va, sin saludar y con apenas tiempo para despedirse. Sin embargo, el espacio que ocupabas fue reemplazado rápidamente por el fantasma de tu ausencia. Mientras más lejos estabas, más fuerte era tu presencia; te sentía cada vez más cerca de mí. Estabas en el amanecer, en el café, en el sol del mediodía, en el canto de los pájaros por la tarde y en mis noches, cómo te gustaba estar en mis noches. Me acostumbré a verte cada día, ver tus ojos taciturnos observándome a lo lejos, tus labios gritando algo que nunca llegué a escuchar, tus manos tanteando en la oscuridad. Poco a poco me acostumbré a ti.

Un día de pronto todo cambió, comenzaste a aparecer esporádicamente en los lugares más predecibles. Estabas ahí como un susurro, apenas visible para mí. Siempre estuviste cerca aunque no pude notarlo desde el primer instante. Con el pasar de los años a pesar de que estabas a mi lado nunca te noté ni te dí demasiada importancia. Te dí la bienvenida a mi vida sin intención de que te quedaras. Cuando eras totalmente invisible para mí, fue en ese momento que decidí saludarte. Te dije hola.




Nota: Se puede leer de arriba a abajo y de abajo a arriba oración por oración.

27 de mayo de 2012

Universos y su creación

Ella disfruta creando personajes improbables, nadando en mares ficticios, haciendo y deshaciendo a su voluntad. Al comprender esto también comprendí que yo era parte de su juego, y me basta con cerrar los ojos para ir a todos los lugares donde ella me lleva. Me mira y quedo suspendido en el tiempo, en el limite entre la realidad y la fantasía. Me acerco y busco su boca que no es boca, que se ha convertido en el elixir de la vida y el centro del universo que hemos creado. Y cómo escapar de sus manos que son flores y enredaderas a la vez. Y cómo escapar de sus ojos que me guían cual faro entre la niebla. Va dibujando cada día una historia diferente donde los mismos arboles son aves y luego no.

Él me toca y yo le muestro un mundo lleno de maravillas insidiosas, dejo que me recorra para descubrirlo juntos. Jugamos un juego elegido por mí donde gana el que pierde. Nos leemos, nos dibujamos, nos creamos, nos deshacemos. Porque no hay un rincón de este mundo que no nos pertenezca cuando nos sumergimos en esos mares que nos llevan directamente a las orillas del éxtasis. No tenemos nada y nos tenemos.

Tú que has creado y conocido cada lugar de este universo, más que nadie debes saber cómo duele encontrarse repentinamente con la realidad. Tú hiciste y deshiciste a tu antojo pero nunca viste cómo se desmoronaba todo detrás de ti. Ahora te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás y no hay manera de regresar al génesis de ese mundo que creamos juntos. Y mirándonos frente a frente ya no vemos los mares, ni las flores, ni las enredaderas, ni la niebla. Y las bocas vuelven a ser bocas y las manos vuelven a ser manos, y los ojos.

21 de febrero de 2012

Igualdad de sexos

Desde el principio la Mujer y el Hombre tuvieron sus papeles bien establecidos: la Mujer cuidaría de la casa y sus hijos y el Hombre trabajaría duro para conseguir el alimento; se iría lejos de casa por una larga temporada y su Mujer lo esperaría rogándole a Dios para que su Hombre regresara sano y con el sustento necesario para su numerosa familia. La Mujer trabajaría igual de duro que el Hombre cuidando de su hogar, vigilando que sus hijos recibieran una buena educación, que no les faltara afecto, comida y atención. Se irritaría porque sus esfuerzos no son tomados en cuenta como deberían, sin embargo, nunca reclamaría los derechos que siempre le pertenecieron y le fueron arrebatados. El Hombre estaría contento de tener una mujer sumisa a su lado, de otra manera la consideraría una mala madre y esposa. Ay de aquella mujer que se atreviera a modificar su rol, a desafiar las leyes de la naturaleza en un intento de ser libre, porque las consecuencias serían tan graves que ningún mortal se ha atrevido a imaginarlas.

Pero por desgracia una mujer se atrevió. Dicha mujer rogaba porque su hombre no volviera de su viaje, que se fundiera con el mar hasta convertirse en espuma. Fue entonces cuando se levantó guiada por una fuerza distinta, pensó que había un dios que no era hombre, una diosa, una mujer. Luchó porque se hiciera justicia y le fuera devuelto lo que siempre fue de ella. Aquella noche su marido lleno de ira la maldijo, la abandonó no sin antes advertirle lo que le iba a suceder por su irreverencia, las consecuencias de actuar en contra de las leyes de los hombres y de Dios. 

Y así fue, las consecuencias no se hicieron esperar. La pobre mujer agonizaba en su cama, sentía un dolor que iba mucho más allá del físico. Notó que su cuerpo cambiaba poco a poco, sus piernas se llenaban de relieves musculares, le crecieron vellos en todo el cuerpo, sus músculos se desarrollaron de una manera inimaginable para una mujer, su sexo se transformaba en el contrario. Al culminar esta metamorfosis reparó finalmente en que nada volvería a ser igual para ella ni para ninguna otra mujer en el mundo. Este era solo el comienzo.

29 de enero de 2012

La señora Margot

Todos en el pueblo fueron al funeral de la señora Margot, ni uno había faltado y eso se notaba en el ambiente. Alguien tenía que contar lo que pasó esa tarde, así que decidí que tengo que hacerlo. Me encontraba terminando los quehaceres cuando me llamaron al teléfono fijo. La señora Margot murió, dijo la voz al otro lado del auricular. No hace falta que diga lo popular que era la señora Margot en el pueblo, corría la voz de que era hechicera. Una nunca está libre de los chismes, y menos en ese pueblo donde todo se sabe, donde los rumores corren tan rápido. Lo siguiente que hice fue ponerme ropa negra. La verdad nunca entendí por qué se usa ropa oscura en los funerales, si se supone que el paraíso existe, deberíamos estar felices por la persona que murió, después de todo se ha ido a un lugar mejor.

Una vez alguien me dijo: "no te acerques a esa vieja, tiene un pacto con el diablo, alguien de confianza me lo contó". Pero yo por qué iba a creerles. Eso sí, la señora Margot era una mujer sabia, y de alguna manera sí estaba segura de eso. Se le notaba hasta en los ojos, esos ojos negros, profundos y llenos de conocimiento, que con solo mirarlos te contaban una infinidad de historias... ojos sabios. Había quienes decían que hacía milagros, que curaba el cáncer, que hacía pócimas poderosas, que tenía un trato especial con Dios, que adivinaba el futuro, que qué se yo.

A mí siempre me pareció una señora sabia, eso es todo. La única vez que pude conversar con ella (o algo parecido) fue durante una tarde lluviosa que ambas estábamos en la parada, éramos las únicas y nada que pasaba un autobús. Me preguntó la hora. 3:45. Me sonrió. Le devolví la sonrisa.

— El transporte público está cada vez peor en este país, mira la hora que es y el bus aún no pasa. Una tiene que descansar a esta edad, no esperar 2 horas en una parada. Y tú debes ir camino a la universidad, si no me equivoco.

— Sí, ya voy retrasada.

— ¿Qué estás estudiando mija?

— Letras.

— Ah, qué linda carrera, ¿te gustaría ser escritora? — Los ojos le brillaban, y estaban más negros que nunca. Podría jurarlo.

— Tal vez, si Dios quiere.

— Si tú quieres, Él quiere. Todo bien mientras no seas como esos idiotas que escriben para vender, seleccionan cada palabra en vez de dejarlo fluir. Me dan risa. Hay que divertirse, a mí nunca me han gustado esas reglas gramaticales, solo sirven para fastidiar.


Salí de mi casa a las 3 pm. Recuerdo que hacía un calor terrible y llegué a la casa de la señora Margot más o menos a la media hora (el transporte público no había mejorado).

Todos en el pueblo fueron al funeral de la señora Margot. Ni uno había faltado y eso se notaba en el ambiente. Al parecer fui la última en llegar. Fui directamente a darles el pésame a sus hijas, las que me dieron las gracias con una voz hundida en sollozos. Fue una muerte rápida según lo que me contaron. Mariana, la mayor de sus tres hijas estaba sentada a su lado y de repente murió, así sin previo aviso llegó la muerte. Personalmente creo que ella lo sabía desde hace tiempo, y no lo dijo para no preocupar a sus hijas.

A las 4:30 pm nos reunimos todos en la habitación de la difunta, iban a abrir la urna para que pudiéramos verla por última vez, decirle adiós. Cuando la tapa quedó enteramente levantada, todos miramos dentro y... y...

Suspiros y gritos ahogados invadieron la habitación. Estaba la tapa levantada y adentro...

Nos miramos. Ninguno de nosotros estaba sorprendido.

14 de enero de 2012

Clara

Clara nunca llegaba a tiempo para sus clases de piano, aún sabiendo los castigos que tendría que soportar por parte de la señora Rebeca por ser tan impuntual. Ya se había acostumbrado. Dos horas diarias, cinco días a la semana era demasiado para ella. Sin embargo, Clara era muy buena tocando el piano, buenísima según su profesora. Nadie sabía cuánto le aburría, siempre que se encontraba tocando imaginaba que estaba en casa pintando mientras la luz del sol entraba por el ventanal iluminando perfectamente el lienzo... Este pensamiento le daba fuerzas para continuar tocando, tal vez si lo hacía bien la señora Rebeca la dejaría salir mas temprano y quizás hasta le daría tiempo pasar comprando un helado en la bodega del señor Roberto. Ya eran las 4:30, lo cual significaba que había acabado la clase. Era muy tarde para pasar comprando un helado. Le gustaba pintar con la luz natural que entraba por el gran ventanal del salón; pero eso era lo que menos le importaba, solo quería llegar rápido a su casa.

Aproximadamente en 15 minutos ya se encontraba abriendo la puerta principal de la casa, sin saludar a nadie entró al salón y encontró preparadas sus pinturas tal como las había dejado. Desde que se quedó muda, Clara sentía que pintar era la única manera de la cual podía expresarse; las pinturas parecían hablar por ella y en ocasiones lo hacían.

Su nana, María, era la única que notaba el talento de Clara y el toque mágico que tenían sus dibujos. Ellos también le hablaban a la nana. Si de algo María estaba segura, era de que si la madre de Clara supiera del gran talento que poseía su hija, nunca la hubiese obligado a asistir a las clases de piano que la niña tanto detestaba.


Eso no parecía importarle demasiado a Clara, ella pintaba siempre que podía y lo hacía con todo el entusiasmo del mundo. Se levantaba muy temprano para ordenar sus pinturas, limpiar sus pinceles y colocar un lienzo nuevo en el caballete. Luego se sentaba a admirar sus obras, escuchaba detenidamente todas las historias que tenían para contarle aunque la retrasaran para ir a la casa de la señora Rebeca, de todas maneras Clara nunca llegaba a tiempo para sus clases de piano.
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